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	<title>Heian &#8211; Alternativa Nikkei</title>
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	<description>Revista Online de la Cultura Japonesa</description>
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	<title>Heian &#8211; Alternativa Nikkei</title>
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		<title>Poesía y naturaleza en «A Scene at the Sea»: una conexión entre waka, silencio y mar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Franco Parisi]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Oct 2025 03:50:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine y series]]></category>
		<category><![CDATA[A Scene At The Sea]]></category>
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					<description><![CDATA[El vínculo entre la naturaleza y Japón es algo que asumimos por inercia, casi como si fuera un rasgo inamovible de su identidad nacional. Así es cómo consumimos su cultura, entre dioses y festividades, las mismas que acarician un sentido poético encapsulado a través de waka y literatura clásica, arraigado en una estética dócil sintoísta [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El vínculo entre la naturaleza y Japón es algo que asumimos por inercia, casi como si fuera un <strong>rasgo inamovible de su identidad nacional</strong>. Así es cómo consumimos su cultura, entre dioses y festividades, las mismas que acarician un <strong>sentido poético encapsulado a través de <em>waka</em> y literatura clásica</strong>, arraigado en una <strong>estética dócil sintoísta y budista</strong> que decora nuestros corazones con una calidez ancestral. Pero ¿cómo un archipiélago, <strong>azotado por las inclemencias climáticas</strong>, un terreno hostil y diversas fallas terrestres, puede canalizar una idea tan armoniosa de lo natural para sí mismo y para el mundo exterior?</p>
<p>En su ensayo <em><strong>“Poesía y naturaleza en Japón”</strong></em> el profesor <strong>Haruo Shirane</strong> reflexiona sobre esta contradicción mediante el <strong>rol trascendental que tuvo la poesía y literatura clásica del Período Heian (794-1185)</strong> a la hora de construir una idea de aquello que simbolizaba lo natural como sinónimo de lo estético y de lo bello, y sobre todo de <strong>las emociones y las estaciones</strong>. Para Shirane la idea aristocrática de lo natural, que se impuso, contemplaba un mundo reducido a <strong>jardines y representaciones pictóricas</strong>, y no al mundo exterior real. De este modo, se creó lo que él llama una <strong>“naturaleza secundaria”</strong>, una que llegaba a una representación mucho más amena y poética, contraria a la naturaleza primaria que azotaba a Japón, que muchas veces era salvaje y dura.</p>
<p>Tal vez, esta influencia idealizada y romántica de lo natural hizo mella en el inconsciente nacional de Japón a través de la <strong>legitimación imperial impulsada por el</strong> <strong><em>Kokinshū</em></strong> (una antología de poesía <em>waka</em>), que incluso en sus primeros seis volúmenes incluía poemas sobre las estaciones. Así, el vínculo entre <strong>waka y naturaleza</strong> era innegable, de hecho, <strong><em>waka</em> (和歌)</strong> era en el significado de sus caracteres <strong>“la poesía de <em>Yamato</em>”</strong>, o en otras palabras: la poesía de Japón. De hecho, posteriormente, el carácter de <strong>“wa” adquirió el significado de “armonioso”</strong>, ampliando aún más esta unión nacional y apacible. Dice Shirane: “Como consecuencia, el <strong><em>waka</em></strong> pasó a ser considerado el estilo de un país armonioso en todo aspecto. El énfasis no caía, entonces, en lo que la naturaleza era, sino en lo que debía ser.”</p>
<div id="attachment_11261" style="width: 746px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/10/250f12569fe1b3198a785fc58a93c5c9.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11261" class="wp-image-11261 size-full" src="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/10/250f12569fe1b3198a785fc58a93c5c9.jpg" alt="" width="736" height="414" srcset="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/10/250f12569fe1b3198a785fc58a93c5c9.jpg 736w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/10/250f12569fe1b3198a785fc58a93c5c9-300x169.jpg 300w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/10/250f12569fe1b3198a785fc58a93c5c9-600x338.jpg 600w" sizes="(max-width: 736px) 100vw, 736px" /></a><p id="caption-attachment-11261" class="wp-caption-text">A Scene at the Sea (dir. Takeshi Kitano, 1991)</p></div>
<p>Podríamos decir, también, que el corazón del <strong>Período Heian</strong> sobrevive hasta nuestros tiempos en un lirismo fácilmente trasladable a lo audiovisual. El cine japonés se vuelve muchas veces un espejo del waka y de sus temáticas, y lugares como el mar abren las puertas a “otros mundos”, sitios que son fuente simbólica de grandes poderes y tesoros. Esto lo vemos en cintas como <strong>A Scene at the Sea (あの夏、いちばん静かな海。)</strong> de <strong>Takeshi Kitano</strong> del año 1991, donde <strong>el mar se vuelve un espacio ritual y de crecimiento personal</strong>, uniendo al protagonista con una sociedad que antes lo relegaba. La historia sigue a <strong>Shigeru</strong>, un recolector de basura sordomudo que encuentra una tabla de surf rota y que decide reparar para comenzar a practicar este deporte. Pronto su mundo pasará sólo a través de esta búsqueda de sentido que encuentra en el surf y en el mar, acompañado por su novia también sordomuda y diversos locales que lo irán apoyando.</p>
<p>Entre <strong>silencio, contemplación y humanidad</strong>, Kitano construye una historia repleta de una <strong>belleza tierna y sutil</strong>. Casi sin diálogos, el universo poético de la película descansa en la expresividad de la naturaleza, que se encuentra tamizada, como plantea Shirane, bajo la mirada humana. Aquí <strong>el mar es un espacio de meditación</strong>, haciendo del agua un punto de partida para crecer y autodescubrirse (del mismo modo que hiciera <strong>Shinji Sōmai</strong> en Moving de 1993, con el crecimiento adolescente de su protagonista).</p>
<div id="attachment_11262" style="width: 745px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/10/6772b1949d7c89909919e376a74633ea.jpg"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11262" class="wp-image-11262 size-full" src="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/10/6772b1949d7c89909919e376a74633ea.jpg" alt="" width="735" height="413" srcset="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/10/6772b1949d7c89909919e376a74633ea.jpg 735w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/10/6772b1949d7c89909919e376a74633ea-300x169.jpg 300w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/10/6772b1949d7c89909919e376a74633ea-600x337.jpg 600w" sizes="(max-width: 735px) 100vw, 735px" /></a><p id="caption-attachment-11262" class="wp-caption-text">A Scene at the Sea (dir. Takeshi Kitano, 1991)</p></div>
<p>Shigeru inicialmente es burlado y apartado por su condición, pero logra una conexión consigo mismo y con la comunidad a través del mar y del surf, siendo valorado por su gran esfuerzo por mejorar o su <strong>“<em>ganbaru</em>”</strong> implacable. Esta tensión entre <strong>comunidad e individualismo</strong> dialoga directamente con la cultura japonesa, que aparta a quienes son percibidos “diferentes” por la idea del <strong>“<em>wa</em>” o armonía grupal</strong> (volvemos al concepto de armonía) pero al mismo tiempo valora la <strong>perseverancia del individuo (<em>ganbaru</em>)</strong>.</p>
<p>Así, quienes son marginados encuentran <strong>belleza en lo cotidiano</strong>, atrapando una <strong>felicidad efímera</strong> por un final incierto, pero que contiene una sensación de valorización del tiempo compartido y de las enseñanzas de este entorno. Kitano, si bien en su búsqueda de lo estético abraza esa <strong>naturaleza secundaria</strong>, al final rompe ese prisma idealizado y nos deja ver un mar voluble y realista. Logrando que esta <strong>dualidad entre lo bello y lo amenazante</strong> abrace a estos personajes y los llene de algún modo. Quizás siendo un equilibrio necesario que Japón precise encontrar para seguir hallándose a sí mismo. Una <strong>belleza dolorosa, como un waka leído con ojos repletos de verdad</strong>.</p>
<div id="attachment_11263" style="width: 510px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/10/MV5BYzBjYTRjOWQtNDY5Yy00ZTllLTk3YjMtZmEzZGZlZDU2NjFmXkEyXkFqcGc@._V1_.jpg"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-11263" class="wp-image-11263 size-full" src="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/10/MV5BYzBjYTRjOWQtNDY5Yy00ZTllLTk3YjMtZmEzZGZlZDU2NjFmXkEyXkFqcGc@._V1_.jpg" alt="" width="500" height="271" srcset="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/10/MV5BYzBjYTRjOWQtNDY5Yy00ZTllLTk3YjMtZmEzZGZlZDU2NjFmXkEyXkFqcGc@._V1_.jpg 500w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/10/MV5BYzBjYTRjOWQtNDY5Yy00ZTllLTk3YjMtZmEzZGZlZDU2NjFmXkEyXkFqcGc@._V1_-300x163.jpg 300w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" /></a><p id="caption-attachment-11263" class="wp-caption-text">A Scene at the Sea (dir. Takeshi Kitano, 1991)</p></div>
<p><strong>Imágenes:</strong> IMDb</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Entre lo sagrado y los guerreros: La religión en el Heike Monogatari – Parte 2</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nahuel Murru]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Jan 2025 12:19:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura y sociedad]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Continuamos con este artículo, en el que exploramos cómo la religión se presenta de manera constante en el <strong>Heike Monogatari</strong>, la épica japonesa del siglo XIII que relata los eventos ocurridos a finales de la Era Heian (794-1185). Esta obra narra la lucha por el poder entre los clanes Taira (Heike) y Minamoto (Genji), así como la Corte Imperial, en un contexto de profundas transformaciones sociales y políticas que marcaron el rumbo de lo que hoy conocemos como Japón. A través de citas, analizamos cómo la religión influye y se entrelaza con los destinos de los protagonistas en esta historia.</p>
<p><strong>El <em>Mappō</em> y la concepción del fin del mundo</strong></p>
<p><em><strong>“Pero hay que admitir que, en nuestros tiempos, Kiyomori ha logrado todo lo que codiciaba y ahora se comporta a su antojo. Sin duda que esto ocurre porque el mundo ha llegado a su etapa final de corrupción y porque ya no se respeta ni la Ley de Buda ni la del Imperio”</strong></em> (López de la Llave 2005, pp. 129).</p>
<p>Esta cita, ubicada en el capítulo XI del Libro primero hace patente la concepción de un fin de los tiempos que estaba cada vez más cerca y había una razón particular para creer que la vida estaba condenada a la fatalidad y que las esperanzas de salvación eran inciertas. En el budismo <em>Mahayana</em>, el dominante en el Asia oriental, se enseña que a la muerte de Shakyamuni, el Buda histórico (o mejor conocido como Siddhārtha Gautama, el príncipe nacido en el actual Nepal que difundió el Budismo por el continente asiático), la doctrina budista pasa por tres fases: una era de florecimiento (<em>shobō</em> o Ley Verdadera), una era de madurez (<em>zobō</em> o Ley Imitativa) y una era de decaimiento y confusión (<em>mappō</em> o Ley del Último Día).</p>
<div id="attachment_10632" style="width: 560px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/nikki-etoki11.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-10632" class="wp-image-10632 size-full" src="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/nikki-etoki11.jpg" alt="" width="550" height="548" srcset="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/nikki-etoki11.jpg 550w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/nikki-etoki11-150x150.jpg 150w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/nikki-etoki11-300x300.jpg 300w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/nikki-etoki11-400x400.jpg 400w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/nikki-etoki11-100x100.jpg 100w" sizes="auto, (max-width: 550px) 100vw, 550px" /></a><p id="caption-attachment-10632" class="wp-caption-text"><strong>El Nirvana de Buda (絹本著色仏涅槃図), Kongōbu-ji, 1086 (Tesoro Nacional).</strong></p></div>
<p><em><strong>“Todos aquellos nobles, sin embargo, pertenecieron a los grandes del Imperio, y no se dio ningún caso igual en otras familias. Mas he aquí que los descendientes de un hombre detestado por la nobleza ahora son autorizados a entrar y salir del Palacio Imperial con vestimenta informal, a ataviarse con colores prohibidos y brocados ostentosos, a ocupar cargos de primeros ministros, de capitanes generales, a que hermanos puedan detentar capitanías de Izquierda y Derecha… ¡Ay! Verdaderamente estos días nos anuncian el comienzo del fin del mundo&#8230;</strong><strong>”</strong></em> (López de la Llave 2005, pp. 104).</p>
<p>En Japón se creía que a partir del año 1052 se había entrado en esta etapa lo que concordaría perfectamente con las luchas, batallas, guerras y muertes que azotaban al país insular. La idea de la Ley del Último Día o <em>mappō</em>, expresada repetidamente en el Heike como «época de corrupción», «degeneración de estos tiempos», «caos en que vivimos», etc., servía, en clave religiosa, para explicar a los ojos alarmados del creyente lo que humanamente parecía inexplicable. Dos fragmentos más que refuerza esto:</p>
<p><em><strong>“La gente, a la vista de estas burlas, murmuraba: «Antiguamente sucedían hechos semejantes y no tenían consecuencias. Pero en esta época decadente en que la gente se aparta del buen camino que nos enseña la Ley de Buda ¿qué puede ocurrir?»</strong><strong>”</strong></em> (López de la Llave 2005, pp. 96).</p>
<p><em><strong>“Que no se haya realizado la reconstrucción del Salón del Trono después del último incendio se debe, sin duda, a que vivimos en los últimos años de un mundo en caos y que el poder del país es débil”</strong></em> (López de la Llave 2005, pp. 155).</p>
<p><strong>El Shintoísmo nunca desaparece</strong></p>
<p>Cuando se habla de Japón no se puede pasar por alto la “religión” nativa que ha acompañado a sus habitantes desde tiempos remotos. El Heike, así como muchas otras obras literarias, no está exento de manifestaciones sobre esta creencia en infinitas deidades. Relatos —e incluso capítulos enteros— acerca de algunas de ellas abundan en el Cantar. Por ejemplo, algunos capítulos hacen referencia a los Tres Sagrados Tesoros de Japón en donde es posible encontrar cierta intertextualidad con las obras fundantes de la mitología japonesa: el Kojiki y el Nihonshoki. El capítulo XII rememora la historia de la espada sagrada Kusanagi mientras que el capítulo XIV el espejo sagrado de Amaterasu.</p>
<p><strong><em>“La flor del cerezo solo dura siete días y Shigenori, apesadumbrado por su brevedad, imploró a la Diosa del Sol que prolongara la floración. En recompensa por la sabiduría de este hombre, conocida hasta por las flores -que también tienen corazón-, la divinidad mostró su beneficencia y la floración se prolongó veintiún días”</em></strong> (López de la Llave 2005, pp. 105).</p>
<p>Este segmento forma parte del capítulo V del Libro primero donde podemos notar, por un lado, nuevamente la idea de fugacidad de las cosas cuando se cuenta que las Sakura duran siete días. Pero por otro, está la mención a la Diosa del Sol, es decir, <strong>Amaterasu</strong>, la divinidad por excelencia del Shintoísmo que intercede en el pedido de Shigenori.</p>
<div id="attachment_10636" style="width: 2644px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/The_Origin_of_Iwato_Kagura_Triptych_Amaterasu_by_Utagawa_Kunisada_c1844-min-1-1.png"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-10636" class="wp-image-10636 size-full" src="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/The_Origin_of_Iwato_Kagura_Triptych_Amaterasu_by_Utagawa_Kunisada_c1844-min-1-1.png" alt="" width="2634" height="1266" srcset="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/The_Origin_of_Iwato_Kagura_Triptych_Amaterasu_by_Utagawa_Kunisada_c1844-min-1-1.png 2634w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/The_Origin_of_Iwato_Kagura_Triptych_Amaterasu_by_Utagawa_Kunisada_c1844-min-1-1-300x144.png 300w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/The_Origin_of_Iwato_Kagura_Triptych_Amaterasu_by_Utagawa_Kunisada_c1844-min-1-1-768x369.png 768w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/The_Origin_of_Iwato_Kagura_Triptych_Amaterasu_by_Utagawa_Kunisada_c1844-min-1-1-1024x492.png 1024w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/The_Origin_of_Iwato_Kagura_Triptych_Amaterasu_by_Utagawa_Kunisada_c1844-min-1-1-600x288.png 600w" sizes="auto, (max-width: 2634px) 100vw, 2634px" /></a><p id="caption-attachment-10636" class="wp-caption-text"><strong>Iwato Kagura no Kiaki (El origen de Iwato Kagura) realizado por Utagawa Kunisada  (Utagawa Toyokuni III) muestra la aparición de Amaterasu luego de haberse escondido en una cueva.</strong></p></div>
<p>El concepto de purificación propio de este culto japonés se puede visualizar en el recordatorio de que cada año que se reconstruía un palacio o se alzaba uno nuevo se llevaba a cabo este ritual. Sin embargo, incluso hasta en los últimos momentos de la vida de un personaje, podemos encontrar referencias a esto:</p>
<p><strong><em>“Cuando Tomomori, el consejero medio de los Heike, comprendió la situación, se subió a un bote y remó hasta la nave imperial. -El fin de los Heike está aquí -dijo-. Arrojad al mar todo lo que sea ofensivo para la vista. Y el mismo corrió de popa a proa barriendo, limpiando y quitando el polvo con sus propias manos para recibir dignamente el fin”</em></strong> (López de la Llave 2005, pp. 738).</p>
<p><em><strong>“Nī-dono, la viuda de Kiyomori, al ver cómo se desarrollaba el combate, demostró estar preparada para la ocasión. Se puso por la cabeza dos kimonos de luctuoso color gris, se remangó la amplia falda de seda, aseguró la sagrada esfera de jade bajo el brazo y ciñó a la cintura la espada sagrada”</strong></em> (López de la Llave 2005, pp. 738).</p>
<p>Incluso en un mismo párrafo el sincretismo entre el Budismo y el Shintoísmo acontece con naturalidad. Una de las frases que más resuena y da cuenta de esto es la de Nī-dono cuando le habla al Emperador Antoku antes de tirarse al mar:</p>
<p><em><strong>“-¡Ah, Su Majestad todavía no lo sabe! Por el esfuerzo que realizó en su vida pasada, ha cumplido los Diez Preceptos del budismo y por eso ha nacido Emperador. Pero, arrastrada por un karma fatal, la buena fortuna ha llegado a su fin. Majestad, despedíos del santuario de Ise mirando al levante; luego, rezad con la vista dirigida al poniente para ser recibido por Buda en el paraíso. ¡Ay, Majestad, estamos en un mundo de sufrimiento! ¡Os quiero llevar a un bonito lugar llamado el Paraíso de la Tierra Pura!”</strong></em> (López de la Llave 2005, pp. 738-39). El Santuario de Ise es uno de los lugares más sagrados de Japón, dedicado a la diosa del sol, Amaterasu Ōmikami, quien es considerada la antepasada mitológica de la familia imperial japonesa.</p>
<div id="attachment_10641" style="width: 710px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/1594371633.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-10641" class="wp-image-10641 size-full" src="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/1594371633.jpg" alt="" width="700" height="432" srcset="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/1594371633.jpg 700w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/1594371633-300x185.jpg 300w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/1594371633-600x370.jpg 600w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></a><p id="caption-attachment-10641" class="wp-caption-text"><strong>Heike Monogatari Emaki, Vol. 11, Chuokoronsha 1992, p156. Esta imagen muestra el momento en que Nī-dono se está por lanzar al mar con el Emperador Antoku.</strong></p></div>
<p><strong>Otras filosofías enunciadas sutilmente</strong></p>
<p>Para finalizar hemos seleccionado algunos pasajes que muestran cómo, más allá del Budismo y el Shintoísmo tan arraigados en la época, otras filosofías como el Confucianismo o el Taoísmo también se ponían al descubierto en la vida cotidiana.</p>
<p><em><strong>“La ley determina: «Un primer ministro ha de ser maestro de emperadores y ejemplo del mundo. Ha de gobernar un país, inculcar principios de buena conducta e infundir la armonía suprema del ying y el yang en la naturaleza del mundo. Si no hay quien cumpla tales requisitos, el puesto ha de permanecer vacante»”</strong></em> (López de la Llave 2005, pp. 100).</p>
<p>Aquí se ve claramente cómo la concepción del buen gobierno confuciano unido con el par de energías polares cuya interacción produce la totalidad del universo del Taoísmo influyen en la visión del mundo japonés.</p>
<p>En el capítulo IV del Libro primero se describe la “salvación” que Kiyomori tuvo tras enfermar gravemente al tomar los órdenes sagradas del Budismo recibiendo el nombre de Jōkai o “Mar Purificado”. La siguiente frase tiene estrecha relación con el Confucianismo:</p>
<p><em><strong>“Como la hierba que se dobla ante el viento, así la gente le obedecía. Como la tierra tiene los ojos vueltos hacia la lluvia que la impregna, así el mundo tenía la mirada vuelta hacia él”</strong></em> (López de la Llave 2005, pp. 100).</p>
<p>Esta constituye una correlación directa con lo alguna vez dijo Confucio: <em><strong>“Señor, ¿por qué matar para dirigir su gobierno? […] La virtud de la gente noble es como el viento, mientras que la virtud de la gente pequeña es como el pasto. Cuando el viento sopla sobre el pasto, el pasto debe inclinarse”.</strong></em></p>
<p>También se puede apreciar una de las tantas virtudes específicas importantes —aparte de la adecuada observancia del ritual (li) y el “humanitarismo” o la“humanidad” (ren)— que se esperaba que un caballero confuciano cultivara: la piedad filial (xiao).</p>
<p><strong><em>“Si nos destierra de la capital, vosotras dos sois lo bastante jóvenes para aguantar incluso en los lugares más inhóspitos; pero yo hija mía, que ya soy mayor ¿dónde voy a ir con este cuerpo tan débil? […] Déjame vivir los últimos años de mi vida aquí, en la cuidad. Es tu deber filial y el que te corresponde hacer estés en este mundo, como ahora, o en el otro”</em></strong> (López de la Llave 2005, pp. 111-12).</p>
<div id="attachment_10643" style="width: 513px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/24_parangons_of_filial_piety_-_Huang_Tingjian.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-10643" class="size-full wp-image-10643" src="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/24_parangons_of_filial_piety_-_Huang_Tingjian.jpg" alt="" width="503" height="700" srcset="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/24_parangons_of_filial_piety_-_Huang_Tingjian.jpg 503w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/24_parangons_of_filial_piety_-_Huang_Tingjian-216x300.jpg 216w" sizes="auto, (max-width: 503px) 100vw, 503px" /></a><p id="caption-attachment-10643" class="wp-caption-text"><strong>Koteiken, uno de Los veinticuatro casos de piedad filial, representaba vaciar un orinal para su madre. Utagawa Kuniyoshi, 1848.</strong></p></div>
<p><strong>Conclusión</strong></p>
<p>Con todo este recorrido y con la ausencia de muchos otros más ejemplos está demostrado que la religión y las diferentes filosofías que ingresaron a Japón a lo largo de los siglos fueron, en términos de Baitello Junior, “víctimas” de una <strong><em>antropofagia cultural</em></strong>, aggiornándose a las costumbres y tradiciones japonesas.</p>
<p>El Heike Monogatari, espléndido en su época y todavía hoy en día, es una gran fuente para todo aquel que quiera conocer, aprender y estudiar los diferentes matices de la sociedad japonesa del pasado, el presente y el futuro.</p>
<p><strong>Referencias bibliográficas</strong></p>
<ul>
<li>Rubio, Carlos. Heike Monogatari. Madrid: Gredos, 2009.</li>
<li>Junqueras I Vies, Oriol y otros. Historia de Japón. Economía, política y sociedad.</li>
<li>Barcelona, Editorial UOC, 2012.</li>
<li>Holcombe, Charles. Una historia de Asia oriental, FCE, México, 2016.</li>
</ul>
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		<title>Entre lo sagrado y los guerreros: La religión en el Heike Monogatari &#8211; Parte 1</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Nahuel Murru]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Jan 2025 22:42:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura y sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura Japonesa]]></category>
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		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La religión en Japón ha ocupado una fuerte posición en la sociedad a lo largo de los siglos. El sincretismo entre la concepción originaria del Shintoísmo aunada al Budismo (y sus diferentes enfoques) proveniente del continente junto con otros pensamientos como el Confucianismo e incluso el Taoísmo moldearon en cada época al pueblo nipón desde los más altos estratos hasta el más bajo escalafón.</p>
<p>Sin duda, esto propició luchas por el poder en las cuales las relaciones entre los miembros más destacados manifestaban sus creencias, no sólo políticas sino también de culto y fe. Emperadores, guerreros, los propios sacerdotes o monjes establecían una red que determinó el comienzo o final de ciertas etapas en la historia japonesa.</p>
<p>Una de las fuentes más leídas y consultadas, considerada un clásico junto con otros como el Genji Monogatari de Murasaki Shikibu o el Libro de la Almohada de Sei Shōnagon, es el Heike Monogatari conocido en occidente como El Cantar de Heike. Esta narración épica nos revela el ascenso, auge, consolidación y caída del clan Taira o Heike, nombre que hace referencia al título de la obra. Consta de doce libros en donde se nos muestran diferentes personajes, sobre todo de la Corte Imperial, la nobleza, el clero y los clanes que se baten a muerte el control del archipiélago. Relatos —además— de batallas, conflictos y guerras que demuestran el estado turbulento en el que se encontraba Japón a fines de la era Heian (794-1185).</p>
<p>En este artículo que contará con dos partes nos centraremos en la cuestión de las ideas religiosas que se ven reflejadas en el texto mediante el uso de citas, parafraseos y que dan cuenta de cómo, nuevamente, la religión fue un factor clave para conformar la identidad de cierto grupo en determinado momento histórico pero que, de una u otra forma, se ha mantenido hasta nuestros días pasando por variadas instancias en los períodos que configuran la historia japonesa así como la utilización de medios discursivos para lograr que la religión forme parte de la idiosincrasia japonesa legitimando el accionar de sus integrantes.</p>
<p><strong>La religión expuesta desde el primer momento</strong></p>
<p><em><strong>“En el sonido de la campana del monasterio de Gion resuena la caducidad de todas las cosas. En el color siempre cambiante del arbusto de shara se recuerda la ley terrenal de que toda gloria encuentra su fin”</strong></em> (López de la Llave 2005, pp. 91).</p>
<p>Así empieza el Heike Monogatari en el capítulo I del Libro primero. Con esta cita se refleja a la perfección, aunque con matices, los aspectos del Budismo y el Shintoísmo desde apenas comenzado el relato. Pero, ¿por qué?. Por un lado, el monasterio de Gion es un santuario shintoísta ubicado en Kioto, antigua capital imperial, que data del 656. A su vez este espacio sagrado se ha identificado con el monasterio budista Jetavana de la India.</p>
<p>Por otro lado, podemos centrarnos en el concepto de la fugacidad y la conciencia de impermanencia de las cosas. Esta transitoriedad, llamada <em><strong>無常 mujō</strong></em> en japonés o <em><strong>anitya</strong></em> en sánscrito, está ligada a la cultura de las cuatro estaciones que se encuentran en constante transformación o la familiaridad con el ciclo repetitivo de nacimiento, muerte y renacimiento que es intrínseca al Budismo. Esto, a su vez, nos muestra desde el principio que el poder no dura para siempre y, a pesar de llegar al cenit, todo puede acabar en un abrir y cerrar de ojos. Es a lo que hace alusión este fragmento: anuncia el fin del clan Heike tras la batalla de Dan no Ura contra sus acérrimos rivales: los Minamoto (o Genji).</p>
<p>El texto continúa y presenta a quien podríamos decir es el protagonista principal, no sólo de la obra, sino de esta parte de la rica historia de Japón. Estamos hablamos de Taira no Kiyomori, líder del clan Heike, que respaldaba la investidura del Emperador Go-Shirakawa. Estos dos están emparentados con el Budismo. El primero era <em>nyūdō</em>, es decir, que había ingresado como monje budista seglar, por lo tanto, no pertenecía al clero. El segundo, más allá de ser descendiente de la Diosa Sol, Amaterasu —y por obvias razones estar relacionado con el Shintoísmo— también fue uno de los tantos Emperadores Retirados, o como los nombraban en aquellos tiempos, Emperador Monje.</p>
<p><strong><em>“Pero, ¡ay, que entre todos ellos sobresale uno! Es un personaje reciente. Es Taira Ason Kiyomori, del clan de los Heike, nyūdō de Rokuhara y antiguo primer ministro del Imperio. Su formidable soberbia empequeñece la realidad del tal manera que con dificultad acuden a mi boca palabras con que cantar su historia”</em></strong> (López de la Llave 2005, pp. 92).</p>

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<p><strong>Amida Buda, el Nenbutsu y el paraíso de la Tierra Pura</strong></p>
<p>Si hay algo que destaca al Heike Monogatari es la frecuente alusión a un tipo de Budismo: el de la Tierra Pura. Esta secta es una rama de la escuela budista Tendai japonesa, descendiente de la Tiantai originaria de China. El budismo <strong><em>浄土宗 Jōdo</em></strong> o de la Tierra Pura empezó a tomar forma en el año 1175, con la publicación de <em><strong>選択集 Senchakushū</strong></em>, del monje <strong><em>法然 Hōnen</em></strong>. Fue éste quien declaró el <strong><em>念仏 Nenbutsu </em></strong>(que consiste en cantar el nombre de Amida, el buda principal, según la secta de la Tierra Pura, en la fórmula <strong><em>南無阿弥陀仏 </em></strong><strong><em>«Namu Amida Butsu»</em></strong>) como la única práctica capaz de asegurar la salvación de los creyentes y garantizarles el renacimiento en el paraíso de la Tierra Pura.</p>
<p>Son muchos los pasajes que evidencian esta creencia en el Budismo amidista que fue la respuesta a este orden social producido al acabar el siglo XII que va a calar hondo entre todas las clases sociales haciendo hincapié en la salvación individual y que ya no servía demasiado buscar la iluminación como profesaban otras doctrinas budistas. Esta creencia favoreció la fe en el poder salvador del Buda Amida. Amida (el <em>«Amitābha»</em> en sánscrito o “Infinita Luz”) es el buda que reina en el paraíso llamado Tierra Pura de la Perfecta Felicidad que, según se creía, se encontraba en Occidente.</p>
<p><em><strong>“Las tres monjas contemplaban el sol poniente que se escondía en las montañas del oeste y pensaban: «Por donde se pone el sol tiene su morada el Paraíso de Occidente. Algún día nosotras naceremos en ese lugar y viviremos felices y sin miedo»”</strong></em> (López de la Llave 2005, pp. 92).</p>
<p>Esta entrada se encuentra en el capítulo VI del Libro primero en donde se nos cuenta la historia de la dama Giō quien junto a su hermana eran hijas de una bailarina de Shirabyōshi, una danza realizada por mujeres vestidas con ropa masculina que se desarrolló durante el siglo XII para nobles y guerreros de alto rango. Tras un altercado con otra artista llamada Hotoke (otra de las formas en que se conoce en japonés Buda) que pasó a reemplazar a Giō como dama de compañía de Kiyomori, las tres deciden alejarse del mundo convirtiéndose en monjas budistas. Un día, Hotoke escapa del jefe del clan Heike en busca de las tres mujeres. Cuando llega a la choza en donde se encontraban toca la puerta y éstas se asustan pensando que es un demonio. Aún así deciden abrirle y esbozan una de estas frases:</p>
<p><em><strong>“Si, a pesar de abrir, no tiene compasión y nos mata, confiaremos firmemente en la misericordia de Amida, en el cual hemos depositado toda nuestra fe. Pongámonos a rezar ahora mismo. Él, que es el mensajero de Buda que escucha siempre nuestra plegaria, ¿cómo no nos va a guiar al paraíso? Entreguémonos con todo el corazón y confiando ciegamente en nuestra plegaria”</strong></em> (López de la Llave 2005, pp. 115).</p>

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<p>El capítulo está repleto de referencias budistas como cuando Toji, la madre de Giō, le recuerda las transgresiones que no pueden cometer los practicantes calificadas éstas como las Cinco Faltas Capitales. Al final también se narra que:</p>
<p><em><strong>“Las cuatros mujeres se encerraron en la ermita. Día y noche ofrecieron flores e inciensos a la imagen de Buda y constantemente rezaban para pedir la salvación. Cuenta que, cada una a su hora, pero todas al fin y al cabo, consiguieron renacer en el paraíso”</strong></em> (López de la Llave 2005, pp. 117).</p>
<p>Además, hay que recordar que el Heike Monogatari era una obra para ser recitada por los Biwa Hōshi, los monjes budistas ciegos que viajaban por todo el Japón cantando estas escenas. No se sabe a ciencia cierta si existe un único autor o si los compositores originales de los textos eran monjes budistas que memorizaban las historias y las recitaban acompañados de un instrumento de cuerda denominado <strong><em>琵琶 Biwa</em></strong>.</p>
<div id="attachment_10601" style="width: 628px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/Biwa-Hoshi-71-Shokunin-Uta-Awase-Picture-Scroll.png"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-10601" class="wp-image-10601 size-large" src="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/Biwa-Hoshi-71-Shokunin-Uta-Awase-Picture-Scroll-1024x749.png" alt="" width="618" height="452" srcset="https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/Biwa-Hoshi-71-Shokunin-Uta-Awase-Picture-Scroll-1024x749.png 1024w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/Biwa-Hoshi-71-Shokunin-Uta-Awase-Picture-Scroll-300x220.png 300w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/Biwa-Hoshi-71-Shokunin-Uta-Awase-Picture-Scroll-768x562.png 768w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/Biwa-Hoshi-71-Shokunin-Uta-Awase-Picture-Scroll-600x439.png 600w, https://alternativanikkei.com/wp-content/uploads/2025/01/Biwa-Hoshi-71-Shokunin-Uta-Awase-Picture-Scroll.png 2047w" sizes="auto, (max-width: 618px) 100vw, 618px" /></a><p id="caption-attachment-10601" class="wp-caption-text">Un Biwa Hōshi era un monje ciego quienes viajaban a través de Japón durante el período Kamakura (1192-1333), recitando en sus viajes el Cantar de Heike</p></div>
<p>La teoría de un autor conocido de un texto primigenio es comúnmente aceptada desde que el monje Yoshida Kenkō, en su obra de 1330 <em>«Ocurrencias de un ocioso (Tsurezuregusa)”</em> escribiera que un noble cortesano conocido como Yukinaga escribiera el texto y se lo presentara a un Biwa Hōshi. Luego Yukinaga se convertiría también en monje residiendo en el Templo Enryaku-ji. Sea como sea la cuestión, la religión y en especial el budismo rodea al Heike desde su concepción.</p>
<p>Continuará en la parte 2.</p>
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