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Ricardo Nakandakari junto a su sensei Yoriyuki Yamamoto

“El judo es como el matrimonio, hasta que la muerte nos separe”

Así de contundente define Ricardo Nakandakari lo que significa el judo en su vida. A los 48 años de edad es un fanático de este gran deporte olímpico que lo desvela todo el tiempo con el objetivo de que un nikkei llegue a las Olimpiadas de Tokyo 2020. Comenzó la práctica en 1975. Es muy extrovertido y avasallante, posee una energía increíble en transmitir lo que tanto ama. Es el nikkei con más graduación del Kodokan, tiene el 3°Dan con mucho orgullo y humildad. Agradecido de por vida con “su” Maestro el Sensei Yoriyuki Yamamoto. Tiene una característica muy particular como lo observamos en la exhibición que brindó en el Jardín Japonés en el Daruma Matsuri, el gran feeling con sus alumnos, con los chicos que participaron de la clase y por sobre todas las cosas con el público presente. Ricardo interactuaba de manera muy cálida y así fue la ovación que recibió luego de la magnífica demostración que realizó aquella tarde. Muy entusiasmado para la nota hizo un breve resumen del judo en su vida.

-¿Como fueron tus comienzos en el judo?

A los 8 años me pegaron una piña en la primaria, y cuando cumplí 9 me regalaron mi primer judogi. Empecé en el Dojo del Sensei Yoriyuki Yamamoto de la calle Entre Ríos y Chile en el año 1975. Yo era un nene muy tímido, rellenito y muy ágil. Desde los 6 años me iba a la escuela haciendo medialunas a lo largo de 10 cuadras. Empezar a practicar judo me potenció esas habilidades y aumentó mi autoestima.

Mi primer torneo, fue un torneo nikkei en la Asociación Japonesa de Burzaco en la que había representantes de todos los clubes nikkeis de Argentina, perdí la final con el representante de Misiones e hijo del Sensei Daniel Matsumura.

-¿Por que elegiste judo habiendo tantas artes marciales?

Mi papa eligió judo porque la mayoría de los «isseis» ( japoneses nativos) sabían, aparte se parecía mucho al sumo de Okinawa y todavía en esa época había un montón de torneos de las 2 artes, tal vez podría haber ido a practicar Karate Dojos Ken también, porque son de mi mismo pueblo de Okinawa. Pero me quedaba muy lejos desde Avellaneda. Aunque en mi adolescencia pude practicarlo unos meses, lo tuve que dejar porque me enfoqué a entrenar judo.

yo sumo oki 3

-¿Quiénes fueron tus maestros? ¿Qué enseñanzas te han dejado?

Mi primer y único sensei hasta su muerte fue Yoriyuki Yamamoto y de «sempai» a Juan Iha; cuando entré al colegio industrial, mi sensei se pasó al Instituto Kumazawa que funcionaba en el subsuelo del Hotel Alvear. Recuerdo que uno de los hijos de Palito Ortega fue mi compañero. El Sensei a los 13 años me mandó a practicar con el Maestro Carlos Paz en C. A. Independiente, aunque él daba la clase de adultos no tuve inconvenientes de practicar con los mayores. También brevemente tuve como maestros a Oscar Stratico, Cacho Nacaro aquí en Argentina; en Japón pude aprender con el sensei de Y. Yamamoto, el Sensei Takata, en ese entonces encargado del Kodokan y el Sensei Takagi en la ciudad de Shonandai.

Yoriyuki Yamamoto me inculcó la importancia de enseñar el Judo Kodokan, que incluye muchas cosas que por desgracia se van perdiendo, como por ejemplo saber saludar y más que nada tener humildad por sobre todas las cosas, saber “agachar la cabeza” cuando las circunstancias lo demandan.

-¿Cómo te definís como judoka? Virtudes y defectos.

Como judoka era bastante técnico, mis lances favoritos fueron «seio nage», «ippon sei nage» , «hanegoshi», y del que más se acuerdan todos era «kataguruma».

Entre mis defectos fue buscar siempre el «ippon» (un punto) de «tachiwaza» que a veces terminaba perdiendo de un contragolpe.

kodokan diploma

-¿Tuviste la posibilidad de ir a Japón por el judo? ¿Qué te ha marcado del viaje o qué anécdota te ha marcado a fuego para aplicarlo en tu vida?

En el 88 me fui a Japón para trabajar, pero mi objetivo principal era sacar mi primer Dan en el Kodokan, recién lo logré en el 92. En el 2013 viajé por mi cuenta para los cursos de verano del Kodokan, realizamos una semana de katas, una semana de técnicas y para graduarme de 3 Dan. También fui a Okinawa a participar de los torneos de sumo de Okinawa de las ciudades de Yonabaru y Kin.

La anécdota ocurrió en el Gran Dojo Kodokan en donde impera el respeto a cada judoka; cuando llega un extranjero se la da un papel con las reglas de comportamiento y sugerí que corrijan unas palabras de la versión en español, y al final y para mi sorpresa lo corrigieron. Se les brinda estas reglas en todos los idiomas menos en japonés, se entiende no?

El Sensei siempre decía que saber judo era el pasaporte para recorrer el mundo y hacer amigos en otros países, lo cual yo comprobé por mis propios medios, y ya viajé a muchos países gracias a este disciplina.

El judo me cambió totalmente la vida, era muy tímido de chico, sin contar que dejé de ser rellenito a tener un buen fisico, es lo mismo que les sucede hoy a mis alumnos sin dudas.

Y lo más importante es la caída de judo, me salvó la vida miles de veces, tropezándome en la calle, cuando me chocaron la bici un montón de veces, de la moto un par, y hasta me llegué a caer de lugares altos y acá estoy.

¿Desde cuándo te dedicas a la enseñanza? ¿Qué le inculcas a tus alumnos?

A los 20 años enseñé un tiempo en Arsenal, pero dejé cuando fui a Japón en el 88. Cuando volví en el 2007, el Sensei me mandó a enseñar al colegio Sta. Catalina de Constitución durante dos años, practicaba en GEBA con el Sensei y el me pidió que vaya a ayudar al profesor Juan Carlos Yamamoto en el Centro Okinawense (COA). Llegué a enseñar un tiempo a los niños nikkeis y fue una gran experiencia.

A mis alumnos trato de enseñarles todo lo que aprendí con el Sensei, que se resume en sacrificio y humildad.

-¿Qué objetivos o aspiraciones tenés dentro del judo?

Con el Sensei siempre hablamos de los pocos nikkeis que quedaban haciendo judo, me dejó a cargo de repartir y cuidar los tatamis que trajo de Japón, y reflotar el judo nikkei. Ahora tengo el proyecto de que algún nikkei vaya a Tokyo 2020 que era el objetivo principal de cuando enseñaba en COA a los nikkeis en el 2013, por desgracia esos 15 judokitas ya no practican y se perdieron 2 años de este proyecto.

-¿El judo es para toda la vida?

Rotundamente sí, para toda la vida, como el matrimonio, hasta que la muerte nos separe.

Luego de la última pregunta que le formulamos, finalizó la entrevista con esta frase contundente: “Los judokas nikkeis argentinos necesitamos muchos sponsors para seguir creciendo, yoroshiku onegaishimasu, necesitamos un lugar físico para entrenar ante los nuevos desafíos nacionales e internacionales teniendo en Tokyo 2020 la prioridad máxima”.

Taixxon

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