Construir una casa en Okinawa: el yuimāru, un sistema de ayuda mutua

En algunas islas de Okinawa, la madera disponible no alcanzaba para construir una casa y había que traerla de otras partes del archipiélago. La geografía dificultaba el transporte de troncos grandes, y reunir los materiales podía depender de recorridos entre bosques, puertos y aldeas. Por eso, una familia rara vez conseguía toda la madera de una sola vez.

La dificultad para conseguirla también tenía otras causas. Después de la invasión de Satsuma, en 1609, aumentó la presión sobre los bosques. En 1647, el Reino de Ryūkyū empezó a pagar un tributo de azúcar para devolver préstamos recibidos de Satsuma. La producción azucarera demandaba madera para fabricar barriles y obtener leña. A esa demanda se sumaba la madera destinada a edificios, puentes y otras construcciones.

Frente a la reducción de los recursos naturales, el gobierno estableció restricciones: en 1667 reguló las especies que podían talarse y las dimensiones de la madera autorizada. Durante el siglo siguiente, la administración de los bosques se volvió más estricta y las normas alcanzaron también a las viviendas: establecieron el tamaño de las casas y las parcelas, y determinaron qué materiales podía utilizar cada familia según su posición social.

Estas medidas condicionaron el acceso a las maderas de mejor calidad y también definieron qué tipo de vivienda podía construir cada grupo. La casa nuchijā, basada en una estructura de nuki (elementos horizontales que atraviesan y vinculan las columnas), había llegado a Ryūkyū desde las islas principales de Japón hacia mediados del período Kamakura. Durante el Reino estuvo reservada a las zonas de Naha, Shuri y los sectores de mayor rango, pero tras el levantamiento de las restricciones durante la era Meiji, se difundió gradualmente entre las viviendas comunes.

Como la madera se reunía gradualmente, podía permanecer almacenada durante mucho tiempo antes de que empezara la construcción. Era habitual conservarla en la costa o en zonas pantanosas mediante inmersión en agua. Este procedimiento era el sūkan, que consistía en cavar un pozo en la playa y enterrar allí las piezas de madera, o mantenerlas sumergidas en agua. El tratamiento podía prolongarse desde unos seis meses hasta incluso años.

El procedimiento de sūkan se aplicaba a la mayoría de las maderas. Se creía que el agua ayudaba a eliminar el almidón, relajaba las tensiones producidas durante el crecimiento del árbol, reducía las deformaciones y las grietas, y proporcionaba una mayor resistencia frente a los insectos.

Troncos almacenados

Ejemplo de casa nuchijā

Ejemplo de casa nuchijā

Cada propietario tenía asignado un lugar para conservar sus troncos, pero si durante una construcción faltaba una pieza, podía pedirse prestada a otro propietario que tuviera madera almacenada. Esta posibilidad formaba parte de una práctica más amplia: el yuimāru era el sistema de ayuda mutua de la comunidad. Vecinos y parientes se organizaban para realizar tareas que una familia sola no podía resolver, como reunir y transportar madera, levantar la estructura, colocar la cubierta o construir los muros. La ayuda recibida debía devolverse con otra jornada de trabajo.

En lugares alejados, como Taketomi, quienes ayudaban también viajaban a otras islas para cortar árboles y trasladar los troncos hasta el pueblo. El yuimāru reunía así trabajo, conocimientos y materiales. La construcción de una casa dependía de esa red tanto como de la madera disponible.

Cuando llegaba el momento de construir la vivienda, esa cooperación se ampliaba: algunos vecinos trasladaban los troncos y las piedras, otros preparaban las piezas, levantaban la estructura o colaboraban en las etapas que necesitaban más manos.

La ayuda podía organizarse entre miembros de una misma familia extensa, entre viviendas vecinas o dentro de agrupaciones territoriales. Para construir la cubierta de una casa podían reunirse decenas de personas. En la isla de Yonaguni, ubicada en el extremo occidental del archipiélago, hay registros de una casa en la que participaron alrededor de 170 personas.

El maestro carpintero dirigía la construcción y realizaba las tareas principales: disponía las piezas y organizaba los encuentros entre columnas y vigas. A su alrededor trabajaban otros carpinteros y quienes ayudaban.

De una casa a otra, las técnicas se repetían y se adaptaban a las condiciones de cada lugar. En muchos pueblos, algunas personas habían aprendido observando obras anteriores y podían ejecutar tareas similares a las de los carpinteros. En las islas donde era difícil conseguir artesanos, el conocimiento constructivo podía transmitirse dentro de la propia comunidad.

La madera utilizada variaba según la región, la función de cada pieza y los recursos de la familia. El podocarpo de Japón, llamado chāgi en Okinawa e inumaki en japonés, se apreciaba por su durabilidad y su resistencia a la humedad y las termitas. Otra madera de buena calidad era el mokkoku, conocido localmente como īku. Ambas se usaban en la estructura de las casas de familias acomodadas. El chāgi también se usaba en viviendas comunes, especialmente en columnas y otras piezas que quedaban a la vista.

También se usaban otras maderas locales, como el iju y el itajii. Desde fines del siglo XIX aumentó el uso de cedro japonés traído de las islas principales de Japón, especialmente en el centro y el sur de la isla principal de Okinawa, donde los recursos forestales eran más limitados.

Construir una casa en Okinawa significaba poner en relación los bosques, la costa, el clima y la vida comunitaria. La madera había sido seleccionada, trasladada, conservada y, en algunos casos, prestada por otra familia. Los conocimientos se habían transmitido dentro de la comunidad y el trabajo se había organizado entre carpinteros, vecinos y parientes. La casa era el resultado visible de todos esos vínculos.

Chāgi

Iju

Itajii

Imágenes:

Tokyo Metropolitan Government, Tokyo Digital Archive.

Okinawa Prefecture, Forest Resources Research Center.

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Autor

  • Melina Gioia Oshiro

    Melina Gioia Oshiro es Arquitecta egresada de la UBA y Técnica en Cultura y Lengua Japonesa del Instituto Superior de Estudios Japoneses Nichia Gakuin. Fue becada por JICA para viajar a Okinawa y asistir al curso “Uso efectivo del poder blando y la revitalización regional mediante el reconocimiento de las raíces de Okinawa”. Se propone acercar los estudios okinawenses específicos, para impulsar la vinculación entre Okinawa, las identidades nikkei y la sociedad en general. En Alternativa Nikkei colabora con la sección "Okinawa Chanpuru".

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