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Entre lo robusto y etéreo: la casa tradicional okinawense

Si fuéramos invitados a tomar un té de jazmín (sanpincha) a una casa tradicional okinawense, al llegar lo primero que veríamos sería un muro de piedra caliza llamado hinpun, retrasado con respecto al muro perimetral, que nos obliga a girar hacia algún lado para poder tener una primera vista de la casa. Como no somos un espíritu maligno que sólo puede moverse en línea recta (porque para eso está el muro, para evitar su ingreso, además de dar privacidad y protegerse de los vientos) giraríamos hacia la derecha (porque por ese lado ingresan lo invitados) y podríamos ver el jardín, la galería y la casa.

Si bien se dice que Japón es madera y Ryūkyū es piedra, después de entrar al jardín veremos una casa de madera de una sola planta (nuchijaa) un poco elevada del terreno y con aleros (amahaji) cuyos pilares son troncos, porque la madera tratada es vulnerable frente al viento y la lluvia, mientras que un tronco colocado en la misma dirección en que creció el árbol tiene mayor durabilidad.

Si quisiéramos hacer sonar el timbre para avisar que hemos llegado, no encontraríamos ninguna puerta principal, ni timbre, porque el lado sur no tiene paredes, permitiendo que la brisa circule libremente por el interior de la casa.

Si quien habita la casa estuviera tocando el sanshin en algún lugar que no sabemos, nos veríamos tentados a buscar la fuente de ese sonido entre alegre y melancólico que nos está recibiendo. Entonces pasaríamos por el espacio sombreado que ofrece el alero y entraríamos a la primera habitación (ichibanza) preparada para recibir a los invitados. 

 

Frente a nosotros veríamos el tokonoma con una pintura que cuelga (kakemono) y quizás algo más que nos impacte por su belleza austera. Tal vez deseáramos sentarnos en el tatami y esperar ese té prometido, pero probablemente el ansia por escuchar de cerca los sonidos del sanshin nos llevaran a la segunda habitación (nibanza), en donde se encuentra el altar familiar (butsudan) y también tiene tatami en el suelo.

Siguiendo hacia el oeste, nos encontraríamos en una cocina con piso de tierra, aunque según la zona de Ryūkyū en que estuviéramos, la cocina podría ser una estructura separada conectada a la casa mediante una pequeña pasarela.
Y si de pronto viniera una brisa un poco más fuerte que nos hiciera imaginar qué pasaría si un tifón nos encontrara dentro de la casa, podríamos detener por un momento el recorrido interior y salir al patio, alejarnos un poco de la casa y mirar el techo.

La cubierta es baja, con pendientes suaves que delatan el clima subtropical de las islas, en contraposición a los techos de fuerte pendiente del norte de las islas principales japonesas.

Los techos de tejas rojas estuvieron regulados en el pasado. Estaban reservados para la nobleza. Recién en el año 1889 se levantaron las restricciones y todos podían cambiar la paja de sus techos por tejas, que con el tiempo y la lluvia su color empieza a cambiar, hasta que desde lejos las tejas pueden verse como flores rojas de diferentes matices contra el fondo verde y amarillo de los árboles fukugi. Frente al clima de altas temperaturas y humedad de Okinawa, las tejas absorben mucha agua y luego la evaporan, regulando así su temperatura.

El techo bajo y el muro de piedra que rodea la casa trabajan en conjunto frente a los fuertes vientos. El muro los debilita y previene que impacten en la casa, mientras que la baja altura del techo los desvía.

Si nos acercáramos a ver el muro de cerca, veríamos que las rocas más grandes constituyen la forma exterior, mientras que piedras más chicas colocadas en los intersticios de las más grandes eliminan la necesidad de utilizar una mezcla cementicia.

Entonces allí, al lado del muro de piedra, llegaríamos a la conclusión de que la casas okinawenses resultan seguras frente a los tifones. Sin embargo, parados en el patio, aún persistiría una leve sensación de incomodidad, como si alguien nos observara e intentara amedrentarnos. No podría ser quien habita la casa porque el sanshin sigue sonando desde algún rincón de la casa. Si miráramos hacia el techo otra vez, encontraríamos un shisa mirando hacia la entrada, que con su expresión intimidante logra ahuyentar a los espíritus malignos y proteger a la casa y a sus habitantes.

Si ingresáramos nuevamente a la casa sin puertas ni paredes, porque en su mayoría son paneles corredizos los que separan las habitaciones, tal como en el estilo shoin-zukuri de Japón desde finales del período Muromachi, podríamos dirigirnos hacia las habitaciones traseras (uraza) que sirven como dormitorios y espacios privados de los residentes. Si allí tampoco encontráramos a nuestro anfitrión, nuestra última opción sería salir de la casa y buscar en aquella estructura adicional que se levanta en la esquina sureste del terreno llamada asagi y que sirve como residencia para un miembro mayor de la familia.

Sin embargo, si por un instante nos rozara la idea de que la casa en realidad está deshabitada desde hace mucho tiempo, quizás lo mejor que podríamos hacer para recordar la sabiduría de quienes construyeron y habitaron ésta y todas la casas tradicionales okinawenses, sería ingresar nuevamente, calentar el agua y preparar un té de jazmín en compañía y en honor a los ancestros.

Con la música del sanshin repitiéndose en nuestros oídos.

Nota: Melina Gioia Oshiro (@oshiro_gio en Instagram)
Fotos: Melina Gioia Oshiro

Locaciones de fotos: Okinawa Prefectural Museum & Art Museum / Okinawa World / Ocean Expo Park, Okinawa Churaumi Aquarium.

Agradecemos al Arq. Ernesto Miyashiro por la charla sobre arquitectura okinawense.

Melina Gioia Oshiro nació en la Ciudad de Buenos Aires. Es nieta de una pareja formada por un inmigrante okinawense y una hija de inmigrantes italianos. Es Arquitecta egresada de la UBA y cuenta con estudios de Maestría en Gestión y Planificación del Transporte. Se desempeñó por más de doce años en el ámbito de la arquitectura y la planificación de la movilidad tanto a nivel nacional como internacional. Además es Técnica en Cultura y Lengua Japonesa egresada del Instituto de Superior de Estudios Japoneses – Terciario Nichia Gakuin. Obtuvo el premio “Joven Destacado Nikkei 2022” en el área “Profesionales” de la “XXXVII Edición de los Premios Joven Destacado Nikkei 2022” otorgado por el Centro Nikkei Argentino. En el año 2023 viajó a Okinawa en el marco de una beca de capacitación para la sociedad nikkei otorgada por JICA.

Acerca de victoria nakazato


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